
Llevados por un mismo camino pero diferentes destinos, cruzandonos por las mismas rutas mientras todo va en calma.
Perfectas sonrisas, y desgarrados corazones. Volviendonos debiles luego de las caídas.
Nos volvimos suseptibles hacia las miradas de los demas, las conexiones alejadas de tu lugar. Movimientos extremos y fueras de entorno. Bailes en soledad, mientras la belleza de la música es tu única companía. Un buen vino de 1960, y tus lágrimas sobre un papel. Tus pies vuelven a tornarse violetas, mientras tu sangre fluye lentamente. Tu vida se empieza a recortar. Decidiste dejar la puerta habierta de tus sueños, y simplemente los has dejado partir lentamente. Viendolos desde tu lugar, sin importarte que luego te harían falta para volver a creer en algo bueno. Solo por unas pequeñas heridas que aún marcadas en tu pecho están. Has dejado todo lo que has querido. Y la envidia te empezó a calcomer el alma. Viendo pasar amores, su felicidad sobre sus rostros y tú... tú en tu mismo lugar. Volviendo a ver que iban por un mismo camino, pero con diferentes destinos. El tuyo lo has manejado a tu manera, y hoy ya no es el mismo.
Cuando eras niño, la hermosura de escuchar su voz, mientras te leía tu cuento favorito. Hoy, solo tienes en tus manos la página que has arrancado para sentirte mejor cada vez que te sentías solo. Y mañana, recordarás las penas de no haber seguido lo que tanto has querido. Dejaste tu vida por un simple error. Por una simple caída.Preferiste la pena a que la felicidad. Felicidad que junto a la verdad te acompañaría. Hoy, prefieres ocultarte bajo hechos que nunca fueron verdad. Junto a mentiras e injusticias de tu propia crueldad.Sentado sobre tu piano, tocando una de las mejores canciones del disco que un día el abuelo te había regalado en Navidad.
Y aún así, decidiste renunciar. Decidiste acurrucarte por las noches bajo sabanas de seda que solo te acarician en días de lluvia pero que no te besan en días de soles.
Y tu vida poco a poco la fuiste recortando, queriendo solo a la soledad y un poco menos a tu persona.
El día ya llegó, ahí te encontraste bajo su manto, bajo sus brazos. El día llegó, tu cuerpo en un colchón, yacía mientras al fin... descanzabas en paz. Y ya nada te sería tan difícil, ya no harías la misma rutina de siempre. Ahora estás allí, lejos de aquí. En aquel lugar donde no existe la soledad, donde no existe el dolor, donde no existe la maldad.
Hoy, partiste dejando tus sueños morir.
Layla Bella Veppo











